Cómo ser constante cuando se te acaban las ganas
Por George-Iulian Mitu · Publicado el · 8 min de lectura
Lunes, nueva vida. Te apuntas al gimnasio, compras la libreta, descargas la aplicación. Las primeras semanas vas a tope. Luego llega una semana complicada, fallas un par de días y, sin darte cuenta, ya lo has dejado.
Si te pasa a menudo, es fácil pensar que eres una persona sin fuerza de voluntad. Pero la investigación sugiere algo muy distinto: las personas constantes no aguantan más que tú. Hacen otra cosa.
La fuerza de voluntad no es lo que crees
Durante años se dijo que la fuerza de voluntad era como un músculo que se cansa: si la usas mucho por la mañana, por la tarde te queda menos. Era una idea muy popular.
En 2016, 23 laboratorios de varios países intentaron repetir el experimento clásico que lo demostraba, con más de 2.000 participantes en total. No encontraron el efecto. Hoy esa idea se discute mucho, y lo prudente es no basar tu vida en ella.
Lo que sí parece claro es otra cosa más útil: depender de la fuerza de voluntad es mala estrategia, la tengas o no.
Qué hacen distinto las personas constantes
En un estudio de 2012, el psicólogo Wilhelm Hofmann y su equipo preguntaron a cientos de personas varias veces al día qué tentaciones estaban sintiendo. Sorprendentemente, las personas con más autocontrol no resistían más tentaciones: tenían menos. Habían organizado su vida para no tener que pelear contra ellas.
En la misma línea, Brian Galla y Angela Duckworth encontraron en 2015 que buena parte de la ventaja de las personas con autocontrol venía de sus hábitos: hacían lo que se proponían casi en automático, sin tener que decidirlo cada vez.
En resumen: la constancia no es aguantar más, es necesitar aguantar menos.
Por qué lo dejas (y no es pereza)
Estas son las causas más frecuentes de abandonar algo que querías hacer:
- Empezaste demasiado grande: una hora de gimnasio diaria cuando venías de cero.
- Dependías de las ganas: el día que no las tuviste, no había plan B.
- Un fallo se convirtió en abandono: «ya lo he estropeado, para qué seguir».
- No tenía un momento fijo: «ya lo haré cuando pueda» casi nunca llega.
- Te machacaste por fallar, y eso te quitó las ganas de volver.
Cómo ser constante sin depender de las ganas
- Baja el listón hasta que te dé risa. Mejor cinco minutos todos los días que una hora una vez.
- Ponle un momento y un lugar fijos: «a las 19:00, en el salón».
- Prepara el terreno: lo que quieres hacer, a la vista; lo que quieres evitar, lejos.
- Ten una versión mínima para los días malos: si no puedes correr, camina diez minutos.
- Si fallas un día, no falles dos. Y no te castigues: los estudios dicen que tratarte con comprensión te ayuda a volver.
- Apunta lo que haces. Ver la cadena de días ayuda a no querer romperla.
Y un último ingrediente: que tenga sentido para ti
Es mucho más fácil ser constante con algo que de verdad te importa que con algo que haces porque «deberías». Antes de empezar, pregúntate para qué lo quieres hacer. Si la respuesta es tuya, y no de los demás, tienes más probabilidades de mantenerlo.
Preguntas frecuentes
¿Por qué empiezo cosas y no las termino?
Casi siempre porque empezamos demasiado grande, dependemos de la motivación o convertimos un fallo en un abandono. No suele ser falta de capacidad.
¿La fuerza de voluntad se agota?
Es una idea muy popular, pero un gran estudio con 23 laboratorios no logró repetir el efecto. Lo que sí funciona es depender menos de ella.
¿Cómo ser constante sin motivación?
Con hábitos muy pequeños, a una hora fija y con una versión mínima para los días malos. La motivación llega muchas veces después de empezar.
¿Qué hago si ya lo he dejado?
Vuelve con una versión más pequeña que la anterior. Retomar es parte del proceso, no un fracaso.
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Referencias
- Hagger, M. S., Chatzisarantis, N. L. D. y otros (2016). A multilab preregistered replication of the ego-depletion effect. Perspectives on Psychological Science, 11(4), 546–573.
- Hofmann, W., Baumeister, R. F., Förster, G. y Vohs, K. D. (2012). Everyday temptations: An experience sampling study of desire, conflict, and self-control. Journal of Personality and Social Psychology, 102(6), 1318–1335.
- Galla, B. M. y Duckworth, A. L. (2015). More than resisting temptation: Beneficial habits mediate the relationship between self-control and positive life outcomes. Journal of Personality and Social Psychology, 109(3), 508–525.
- Lally, P., van Jaarsveld, C. H. M., Potts, H. W. W. y Wardle, J. (2010). How are habits formed: Modelling habit formation in the real world. European Journal of Social Psychology, 40(6), 998–1009.
- Breines, J. G. y Chen, S. (2012). Self-compassion increases self-improvement motivation. Personality and Social Psychology Bulletin, 38(9), 1133–1143.
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