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Introspekta

Por qué discutís siempre por lo mismo (y por qué no pasa nada)

Por · Publicado el · 7 min de lectura

Un hombre y una mujer discutiendo

Uno es ordenado y el otro deja las cosas donde caen. Uno quiere ahorrar y el otro prefiere disfrutar ahora. Uno necesita ver a sus amigos cada semana y el otro preferiría quedarse en casa. Y cada cierto tiempo, la misma discusión vuelve, con las mismas frases.

Si te suena, quizá pienses que algo va mal. Pero según John Gottman, que observó a miles de parejas, eso es lo normal. Lo que cambia entre las parejas felices y las infelices no es que tengan menos problemas, sino lo que hacen con ellos.

Hay dos tipos de problemas

Gottman distingue entre problemas que tienen solución y problemas de siempre. Los que tienen solución son concretos: quién saca la basura, dónde pasamos la Navidad este año. Se negocian, se decide algo y se acaba.

Los problemas de siempre nacen de diferencias de fondo: de personalidad, de lo que cada uno necesita o de lo que aprendió en su casa. Que uno sea más ahorrador y el otro más gastador no se «resuelve», igual que no se resuelve que a uno le guste el frío y al otro el calor.

En su libro más conocido, Gottman calcula que alrededor del 69 % de los conflictos de una pareja son de este segundo tipo. Es una estimación basada en su experiencia observando parejas, no una ley exacta, pero el mensaje es claro: la mayoría de vuestras discusiones no van a desaparecer nunca.

Por qué esto es una buena noticia

Saberlo quita mucha presión. Si crees que una buena pareja no tiene problemas, cada discusión repetida se vive como un fracaso. Si sabes que todas las parejas tienen sus «temas de siempre», el objetivo cambia: no es eliminar el problema, sino aprender a convivir con él sin haceros daño.

Gottman lo explicaba con una idea sencilla: elegir pareja es elegir también un conjunto de problemas. Con otra persona no tendrías estos, pero tendrías otros.

La diferencia entre convivir con un problema y estar atascados

Las parejas a las que les va bien hablan de sus temas de siempre con humor, con cariño y hasta con cierta resignación: «Ya estamos con lo de tus zapatos». Las parejas atascadas, en cambio, viven cada discusión como un ataque. Se sienten incomprendidas, cada vez se escuchan menos y empiezan a ver al otro como el problema.

  • Señal de atasco: tenéis la misma discusión y cada vez acaba peor.
  • Señal de atasco: sientes que ceder sería traicionarte a ti mismo.
  • Señal de atasco: ya no hay humor ni ternura cuando sale el tema.
  • Señal de atasco: piensas que el otro lo hace a propósito para fastidiarte.

Lo que hay detrás: el «sueño» de cada uno

Gottman propone una idea que ayuda mucho. Detrás de cada postura en un problema de siempre suele haber algo importante para esa persona: una necesidad, un valor, un recuerdo de la infancia. Quien insiste en ahorrar quizá creció con miedo a que faltara el dinero. Quien quiere gastar quizá vio a sus padres no disfrutar nunca de nada.

Cuando discutís solo de la superficie (la cuenta del banco, la ropa en la silla), no avanzáis. Cuando preguntáis qué significa eso para cada uno, la discusión cambia de tono. Ya no es «tú contra mí», sino dos personas intentando entenderse.

Cómo hablar de un problema de siempre

La próxima vez que salga el tema, prueba a cambiar la pregunta. En lugar de «¿quién tiene razón?», pregunta «¿por qué es tan importante para ti?».

  • Pregunta por la historia: «¿Desde cuándo te importa tanto esto?».
  • Escucha sin intentar convencer. Tu turno llegará.
  • Busca un acuerdo temporal en vez de una solución definitiva: «Probemos así un mes».
  • Usad el humor. Poner nombre a vuestro tema de siempre le quita peso.
  • Acepta que algo de la otra persona no va a cambiar, igual que algo tuyo tampoco.

Preguntas frecuentes

¿Es normal discutir siempre por lo mismo?

Sí. Según John Gottman, la mayoría de los conflictos de pareja son «problemas de siempre» que nacen de diferencias de personalidad o de necesidades, y aparecen también en parejas felices.

¿Significa que no somos compatibles?

No. Toda pareja tiene diferencias que no se resuelven. La compatibilidad tiene más que ver con cómo habláis de ellas que con no tenerlas.

¿Cuándo debería preocuparme?

Cuando la discusión cada vez acaba peor, ya no hay cariño ni humor, o empiezas a ver a la otra persona como un enemigo. En ese caso puede ayudar una terapia de pareja.

¿Qué hago si mi pareja no quiere hablar del tema?

Busca un momento tranquilo, sin la discusión encima, y empieza por tu parte: «Me gustaría entender por qué esto es importante para ti, sin discutir».

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Referencias

  • Gottman, J. M. y Silver, N. (1999). The Seven Principles for Making Marriage Work. Nueva York: Crown. (En español: Siete reglas de oro para vivir en pareja).
  • Gottman, J. M. (1994). What Predicts Divorce? The Relationship Between Marital Processes and Marital Outcomes. Hillsdale, NJ: Lawrence Erlbaum.
  • Gottman, J. M., Coan, J., Carrère, S. y Swanson, C. (1998). Predicting marital happiness and stability from newlywed interactions. Journal of Marriage and the Family, 60(1), 5–22.

Este artículo tiene fines divulgativos y no sustituye el consejo de un profesional de la psicología. Si detectas un error, escríbenos y lo revisaremos.