Vínculos y autocontrol · 1958
Los monos de Harlow: el experimento que demostró que el cariño importa más que la comida
Por Introspekta · Publicado el · 7 min de lectura

Tela
elegían la madre suave aunque la comida estuviera en la de alambre
- Año
- 1958
- Quién
- Harry Harlow
- Dónde
- Universidad de Wisconsin-Madison (EE. UU.)
- Participantes
- Crías de macaco rhesus
La pregunta
¿Un bebé se apega a quien le alimenta o a quien le da calor y contacto?
En 30 segundos
- A mediados del siglo XX se pensaba que los bebés quieren a su madre porque les da de comer.
- Harlow crió a crías de mono con dos madres artificiales: una de alambre, que a veces daba leche, y otra cubierta de tela suave.
- Las crías pasaban casi todo el tiempo abrazadas a la madre de tela e iban a la de alambre solo para comer.
- Cuando tenían miedo, corrían a la madre de tela, y con ella cerca se atrevían a explorar.
- El estudio fue clave para la teoría del apego, pero sus experimentos posteriores son hoy un ejemplo de lo que la ética científica no debe permitir.
En los años cuarenta y cincuenta, muchos expertos en crianza aconsejaban no dar demasiado cariño a los niños. El conductista John B. Watson llegó a recomendar a los padres no abrazar ni besar a sus hijos, para no volverlos dependientes. La idea dominante era que el vínculo con la madre era, sobre todo, una cuestión de comida.
El psicólogo Harry Harlow sospechaba que faltaba algo. En 1958, en su discurso como presidente de la Asociación Americana de Psicología, titulado «La naturaleza del amor», presentó unos experimentos con crías de mono que cambiaron para siempre lo que sabemos sobre el cariño.
Cómo se hizo el experimento
Harlow separó de sus madres a crías de macaco rhesus poco después de nacer y las crió con dos «madres» artificiales. Una era un armazón de alambre con una cara de madera. La otra tenía la misma forma, pero estaba recubierta de gomaespuma y tela de rizo, y tenía una bombilla detrás que le daba calor.
En la versión más famosa, en unas jaulas el biberón estaba en la madre de alambre y en otras, en la de tela. Así podía comprobar qué pesaba más para las crías: la comida o el contacto.

Los resultados
La respuesta fue clarísima. Las crías pasaban la mayor parte del día abrazadas a la madre de tela, incluso cuando la leche estaba en la de alambre. Iban a la madre de alambre a comer y, en cuanto terminaban, volvían a la de tela.
Harlow también puso a prueba el miedo. Cuando metía en la jaula un juguete mecánico ruidoso, las crías corrían a agarrarse a la madre de tela. Después de calmarse, algunas incluso se atrevían a acercarse al juguete.
En una sala nueva y llena de objetos, las crías que tenían cerca a la madre de tela la usaban como base: exploraban, volvían a tocarla y volvían a explorar. Sin ella, se quedaban paralizadas, se encogían o lloraban. Harlow observó que, con la madre de tela presente, los signos de miedo se reducían aproximadamente a la mitad.
Qué demostró
Harlow demostró que el vínculo no se explica solo por la comida: el contacto, el calor y la sensación de seguridad son necesidades por sí mismas. Lo llamó «confort de contacto».
Sus resultados encajaron con las ideas del psiquiatra británico John Bowlby, que estaba desarrollando la teoría del apego: los bebés nacen preparados para buscar una figura que les proteja, y esa figura funciona como una base segura desde la que explorar el mundo. Ambos investigadores llegaron a intercambiar ideas, y los datos de Harlow se convirtieron en uno de los apoyos experimentales de la teoría.
El impacto llegó a la vida diaria: contribuyó a cambiar la forma de cuidar a los niños en hospitales y orfanatos, donde el contacto y las visitas de los padres pasaron a considerarse importantes.
Mirada crítica
La parte oscura: la ética
Es imposible hablar de Harlow sin hablar de ética. Además de los estudios con madres artificiales, su laboratorio sometió a crías a periodos largos de aislamiento social total, que les causaron daños graves y duraderos. Hoy esos experimentos se consideran inaceptables y fueron uno de los motivos del movimiento por los derechos de los animales de laboratorio.
También hay un límite científico: los monos no son personas. Aun así, lo esencial de sus conclusiones se ha confirmado con estudios en humanos, como las investigaciones con niños que crecieron en orfanatos con muy poco contacto afectivo, que muestran que el cuidado cercano en los primeros años importa mucho para el desarrollo.
Para tu día a día
Qué dice de ti
La necesidad de sentirnos cuidados no desaparece al crecer. De adultos seguimos buscando personas que funcionen como «base segura»: alguien con quien volver a calmarnos cuando algo nos asusta, y desde quien atrevernos a explorar.
- Buscar consuelo no es ser débil: es una necesidad básica que compartimos con otros primates.
- La forma en que te vinculaste de pequeño puede influir en cómo buscas (o evitas) la cercanía hoy. Eso es lo que estudia el apego adulto.
- Un abrazo, una voz conocida o una persona de confianza cerca reducen de verdad el estrés. Úsalos.
- Si te cuesta pedir cercanía o, al contrario, la necesitas con mucha urgencia, conocer tu estilo de apego puede ayudarte a entenderte.
Preguntas frecuentes
¿Qué demostró el experimento de Harlow?
Que las crías de mono preferían una madre artificial de tela suave, que daba contacto y calor, antes que una de alambre que daba leche. El vínculo no depende solo de la comida, sino también del contacto y la seguridad.
¿Qué relación tiene con la teoría del apego?
Los resultados de Harlow apoyaron la teoría del apego de John Bowlby, según la cual los bebés buscan una figura de protección que funciona como base segura para explorar el mundo.
¿Por qué se considera un experimento poco ético?
Porque separaba a las crías de sus madres y, en experimentos posteriores, las sometía a aislamiento social prolongado, lo que les causó daños graves. Hoy no se permitirían.
¿Sirve para entender a los humanos?
Con prudencia, porque son monos. Pero sus conclusiones principales coinciden con investigaciones posteriores en niños: el contacto afectivo y un cuidador estable son esenciales para un desarrollo sano.
Más experimentos que cambiaron la psicología
Para profundizar
Referencias
- Harlow, H. F. (1958). The nature of love. American Psychologist, 13(12), 673–685.
- Harlow, H. F. y Zimmermann, R. R. (1959). Affectional responses in the infant monkey. Science, 130(3373), 421–432.
- Bowlby, J. (1969). Attachment and Loss, Vol. 1: Attachment. Basic Books.
- Blum, D. (2002). Love at Goon Park: Harry Harlow and the Science of Affection. Perseus.
- Nelson, C. A., Fox, N. A. y Zeanah, C. H. (2014). Romania's Abandoned Children: Deprivation, Brain Development, and the Struggle for Recovery. Harvard University Press.
Contamos cada estudio con fines divulgativos, a partir de las publicaciones originales y de la investigación posterior. Si detectas un error, escríbenos y lo revisaremos.





